El reloj de sobremesa Atmos Hermès

07/03/2013

El reloj de sobremesa Atmos Hermès, fruto de la colaboración entre Hermès, Jaeger- LeCoultre y la cristalería Saint-Louis, nos demuestra que el tiempo es un aliado, pues gracias a él estas tres casas han podido aportar su maestría para crear, en una edición limitada de 176 ejemplares, este reloj de cristal que debe su funcionamiento al aire del tiempo.
Juegos de transparencia y opalescencia, asociación de cristal y metal, unión de arte y artesanía para conjugar el rigor del metal y la fragilidad del cristal; así nace el reloj sobremesa Atmos Hermès. Lo inmaterial cobra forma, y esa forma establece un fuerte vínculo entre el hombre, su entorno y algo sobre lo que siempre se ha interrogado: el tiempo.

Encuentros del tiempo
Un savoir faire perpetuado durante décadas, el gusto por la innovación y la filosofía de la exigencia son los valores que han convergido al reunirse estas tres casas en torno al reloj de sobremesa Atmos Hermès. Está, en primer lugar, el tiempo entendido como una cuestión indisociable de la fabricación artesanal, eso que algunos denominan «el buen hacer».

La extraordinaria esfera de cristal alberga un calibre único, casi perpetuo, diseñado por la manufactura Jaeger-LeCoultre. El mecanismo del reloj de sobremesa Atmos llama la atención desde 1928 por su forma de funcionamiento, que se sale de lo corriente por no necesitar pila, electricidad, ni cuerda. Es un reloj que, mediante un asombroso sistema, vive del aire del tiempo. Una mezcla gaseosa, aprisionada en una cápsula herméticamente cerrada, se dilata cuando la temperatura sube y se contrae cuando baja. La cápsula, unida al muelle de arrastre del reloj, funciona como un fuelle y permite remontar el calibre de manera constante. Es tan sumamente sensible que una variación de un grado basta para darle autonomía de funcionamiento durante 48 horas. El volante sólo oscila una vez por minuto, en lugar de las ciento ochenta de media de los movimientos de 3 Hz o las doscientas cuarenta de los movimientos de 4 Hz clásicos, que consumen trescientas veces más energía que un reloj de sobremesa Atmos. Los 190 componentes de esta ingeniosa construcción se ensamblan, con gran precisión, en la propia Manufactura.

Con su exigente enfoque artesanal, Hermès ha confiado a la cristalería Saint-Louis la fabricación del extraordinario envoltorio de este reloj de sobremesa: un globo fabricado con la técnica del doblado, que consiste en superponer capas de cristal, una de las cuales es de color. En la cristalería Saint-Louis, únicamente seis maestros cristaleros poseen la experiencia y capacidad necesarias para hacerlo.

En primer lugar, el soplador toma con el extremo de la caña una posta de esmalte blanco fundido y lo trabaja hasta formar una ampolla. A continuación sopla en la caña para introducir aire en esa masa, que recalienta regularmente. Con la ayuda de un machote —un molde de madera que permite redondear el objeto—, obtiene una forma de copa. Esta primera etapa tiene la dificultad añadida de que la opacidad de la materia impide comprobar su espesor. Mientras, otros cuatro maestros cristaleros preparan una posta de cristal claro, que moldean y recalientan para obtener una forma esférica.

Es ahora cuando se procede al doblado: el maestro cristalero separa de la caña la pieza de esmalte blanco, y otro maestro introduce en ella el cristal claro. A partir de este momento, los materiales superpuestos se trabajan juntos. Se depositan en un molde en cuyo seno se soplará la esfera, de alrededor de treinta centímetros de diámetro. Luego se lleva al horno de recocido, donde se enfría poco a poco para evitar que el cristal se quiebre. Una vez que se enfría la esfera —cuyo peso ronda los diez kilos— se perfora en el lugar donde se situará el mecanismo. Tras ello, y siguiendo unas señales previamente trazadas, se procede al tallado, dando lugar a la aparición de perlas transparentes. El pulido, para terminar, desvela un sutil juego de luces.

En esta sabia composición de opalescencias y transparencias se aloja el calibre del reloj. Surge así un objeto exclusivo, quintaesencia del espíritu del artesanado. El reloj de sobremesa Atmos desgrana horas y minutos pero, ante todo, está constituido del tiempo de los artesanos, de sus años de aprendizaje y maestría, del tiempo invertido en la práctica de su saber único, tan notable.

Tiempo de encuentros
En 1837, Thierry Hermès, guarnicionero, se instaló en París. Desde entonces, la casa no ha dejado de crecer y desarrollarse, y en la actualidad engloba catorce oficios: marroquinería y guarnicionería; seda masculina y femenina; moda hombre y mujer; perfumería; papelería; sombrerería; calzado; guantería; esmalte; hogar; mesa; joyería y relojería.

Los primeros relojes de Hermès se presentaron en la tienda del 24, faubourg Saint-Honoré, en 1928. La casa estampó su firma en guardatiempos realizados con la colaboración de los nombres más respetados de la relojería suiza, entre ellos Jaeger-LeCoultre, que más tarde dotó a los relojes de sobremesa de Hermès con su movimiento Atmos. En 1978 se crearon los talleres de La Montre Hermès en Suiza y, con ellos, se afirmaron en la casa el gusto por la exigencia y la pasión por la precisión, que en 2012 le permitieron presentar sus primeros modelos equipados con calibres de manufactura propia.

En una época en que la relojería suiza estaba estructurada en pequeños talleres montados en casas familiares, Antoine LeCoultre y su hijo Elie decidieron reunir los diversos oficios de la fabricación de relojes bajo un mismo techo. Fue así como LeCoultre se convirtió en la primera manufactura del valle de Joux. En la actualidad da cabida a los más de ciento ochenta savoir faire que precisa el diseño y la confección integral de los guardatiempos de mayor prestigio. En una búsqueda perpetua de la excelencia, y con la constante promoción de una inventiva única, Jaeger- LeCoultre prosigue, en una sucesión de creaciones extraordinarias, la tradición de las grandes complicaciones confeccionadas en la manufactura: Atmos Mystérieuse (2003), Gyrotourbillon 1 (2004), Reverso grande complication à triptyque (2006), Master Compressor Extreme Lab 1 (2007), Reverso Gyrotourbillon 2 (2008), Duomètre à Grande Sonnerie (2009), Master Grande Tradition Grande Complication (2010), Reverso Répétition Minutes à Rideau (2011), Duomètre Sphérotourbillon (2012).

De la invención al redescubrimiento, de la técnica a la creación artística, la cristalería Saint-Louis produce cristal desde 1586. Cristal de filigrana, coloreado en la masa o prensado, cristal soplado con la boca, tallado, grabado y decorado a mano, opalina de cristal y cristal doblado e incluso triplicado… Cada pieza es la obra de un maestro cristalero y de un maestro tallador, poseedores de un savoir faire indiscutible: la capacidad de dominar un material incomparable, denso y límpido, sonoro y luminoso, que nace de una bola de fuego y del soplo del hombre. La cristalería Saint- Louis forma parte de la casa Hermès desde 1989.