Master Grand Tourbillon Enamel, una obra maestra de la colección Alta Joyería.

26/09/2013

  • Master Grand Tourbillon Enamel High Jewellery

Por primera vez, Jaeger-LeCoultre presenta un guardatiempos equipado con un cristal de zafiro finamente ornamentado con una pintura en miniatura realizada mediante una técnica innovadora. La miniatura representa unas gruyas, símbolo secular de longevidad. Esmaltados sobre la esfera del Master Grand Tourbillon Enamel, las aves están rodeadas de bambús pintados sobre el cristal de zafiro del reloj.

El corazón del reloj palpita al ritmo del Calibre 978, uno de los 1242 calibres elaborados y producidos por Jaeger-LeCoultre a lo largo de su ilustre historia. Un calibre legendario que ganó en 2009 el memorable primer premio del Concurso internacional de cronometría promovido por el museo de relojería de Le Locle, en Suiza, y cuyas características técnicas constituyen el fruto de la incesante investigación de Jaeger-LeCoultre. La jaula del tourbillon, elaborada en una aleación de titanio ligero pero robusto, sólo pesa 0,28 gramos y requiere de muy poca energía para su rotación. Por consiguiente, la fuerza motriz del barrilete puede ser casi totalmente movilizada por el gran volante de inercia variable, que oscila con una frecuencia de 28.800 alternancias por hora, como prueba de su excepcional grado de precisión. En el mayor respeto de las tradiciones de la Alta Relojería, las piezas de este calibre están meticulosamente decoradas a mano, en particular, la masa oscilante de oro de 22 quilates, visible a través del fondo de cristal de zafiro del reloj.

La caja de oro blanco está ornamentada con grabados sobre los lados mientras que el bisel, engastado con diamantes talla baguette, ofrece un marco perfecto para el precioso diseño de gruyas en miniatura. Prácticamente abandonada por las escuelas de arte, hoy en día sólo un círculo muy exclusivo de artesanos perpetúan el saber hacer de la técnica del esmalte en miniatura de generación en generación. Para empezar, se realiza un delicado guilloché en la esfera de oro blanco antes de ser recubierto con un esmalte transparente en claroscuros de azul. Seguidamente, el artista diseña un paisaje colorido y coloca una Luna centelleante, en hoja de plata. Tras haber horneado la pieza para fijar los colores, el esmaltador trabaja con blanco de Limoges, aplicando diversas capas para dar forma a las aves, dándoles un efecto de relieve. Luego aporta un toque de color a algunos elementos de la miniatura, en el plumaje y en la curva del cuello, por ejemplo. Estos colores dan vida al relieve. Para acentuar aún más el efecto de profundidad, el artesano añade elementos de diseño en miniatura sobre el cristal de zafiro que recubre la esfera, antes de hornearlo nuevamente para fijar los colores.

Este magnífico esmaltado sólo se puede comparar con el excepcional trabajo del engaste. En el seno de los talleres de la Manufactura, el engaste es una disciplina que se ejerce como un arte de pleno derecho. Además de dominar todos los minuciosos gestos usuales de su arte, los engastadores de Jaeger-LeCoultre han desarrollado prodigiosos métodos con el fin de responder a solicitudes estéticas específicas. El artesano engasta los 94 diamantes de talla baguette, uno a uno, aliando hábilmente piedras de dimensiones distintas para ornamentar el bisel, las barritas y la corona de oro blanco que brilla como una preciosa aureola resplandeciente. La hebilla del reloj también está engastada con diamantes baguette, para aportar un toque final esplendoroso.

Este reloj asocia estupendamente el saber hacer tradicional de la Manufactura Jaeger-LeCoultre, dedicado a la búsqueda de la precisión desde su fundación en 1833, y su espíritu de innovación ilustrado por la elaboración de soluciones técnicas vanguardistas.