Trabajo
Manual

El diseño

Un lápiz, una hoja blanca y sobre todo la filosofía Jaeger‑LeCoultre. La mano de los diseñadores dibuja la forma de los relojes que harán parte de la leyenda. Primero un croquis, es el término que utilizan. La primera labor es dar forma a las ideas, descubrir una función, imaginar un nuevo concepto. Los diseñadores son los intérpretes del lenguaje de las formas de la Manufactura. Siempre atentos a las tendencias de su época con una visión del futuro, siempre fieles a la larga tradición de la Maison. Esta fusión de épocas, alquimia entre pasado, presente y futuro, caracteriza la línea de un reloj Jaeger‑LeCoultre.


La decoración de los componentes

Una vez fabricados, los componentes del calibre son decorados a mano, como una obra de arte. La perfección técnica exige también la perfección estética, es por esto que numerosos emplazamientos y espacios perforados al interior de los puentes y platinas están completamente decorados, incluso aquellos que serán recubiertos por otros componentes.


El empedrado

En otra unidad, se lleva a cabo la última operación compleja y delicada que se efectúa sobre las platinas y los puentes: el empedrado, es decir, la incrustación de los rubíes. Utilizados desde 1902, los rubíes desempeñan cuatro funciones: el posicionamiento del mecanismo de rodaje sobre la platina y los puentes; la disminución de las fricciones; la prolongación de la duración de vida de las piezas y servir como recipientes de aceite para la lubricación.


Las áncoras

Jaeger‑LeCoultre es una de las primeras y sigue siendo una de las pocas manufacturas en ensamblar sus propias áncoras. Se trata de un trabajo meticuloso y de alta precisión. Para la fabricación, la decoración y el ensamblado de las áncoras, se necesitan 22 operaciones diferentes.


El engaste nieve

Los artesanos de la Manufactura Jaeger‑LeCoultre han inventado una técnica de engaste que reproduce la magia de la naturaleza. Para realizar el engaste nieve, el artesano joyero se inspira exclusivamente en la pieza o en el motivo que va a engastar: las musas de la creatividad y la reflexión se acercan mientras trabaja directamente sobre la materia. Desempeña su tarea con sumo cuidado. Coloca los diamantes uno por uno, prácticamente pegados, juega con el diámetro de las piedras para cubrir completamente el metal precioso. El oficio del engastador es realzado a medida que las piedras se van agrupando y tapizando la superficie del metal. Para disfrutar de esta libertad creativa, el artesano debe poseer una gran destreza y minuciosidad. Este tipo de engaste es particularmente complejo y exige largas horas de trabajo, además la selección de los diamantes debe ser del nivel más elevado; los diamantes de diámetros más pequeños deben fundirse en los diseños más exigentes.


La tornillería

Partiendo de barras de materiales distintos, los tornos automáticos dan la vuelta para tornear, taladrar, roscar a más de 6.000 revoluciones por minuto. Ciertas piezas, como las tijas de áncora o los dardos, son tan pequeñas, que la producción de una semana cabe en un dedal.


El esmaltado

Este arte secular había desaparecido desde hace más de una generación cuando un relojero, en 1994, de la Manufactura decidió redescubrir sus secretos. Fueron necesarios algunos años para ver las primeras obras pictóricas adornando el Reverso, debido a que el esmaltado se encuentra entre la pintura y la alquimia. Un valor resume este arte: la paciencia. Los tres expertos en miniaturistas esmaltadas de la Manufactura dominan hoy en día todas las técnicas tradicionales: esmalte transparente, champlevé, translúcido y cloisonné (tabicado). Guiados siempre por el mismo deseo de descubrir, acaban de desarrollar un procedimiento exclusivo que confiere al motivo una profundidad extraordinaria. Sólo hay que inclinar ligeramente la miniatura sobre una fuente de luz para detectar variaciones cromáticas y apreciar matices y perspectivas insospechadas.


El esqueletado

La maestría, el savoir‑faire y la imaginación guían hasta los gestos más pequeños del grabador, en cada centésima de milímetro. Para preservar la forma de los componentes, los coloca en un soporte de cera y los trabaja uno por uno. Primero realiza trazos finos para delimitar las zonas que va a grabar. Luego, realiza el cincelado, haciendo un trazo más ancho para evitar el riesgo de atravesar el metal de la pieza. Posteriormente, entrega los componentes a los relojeros, quienes llevan a cabo el ensamblado. Una vez ensamblado, el movimiento parece un lujoso bordado calado, delicado y decorado con rubíes y tornillos azulados.


El perlado

Teniendo la inalterable convicción de que la perfección de una obra de arte se ve en los detalles más pequeños, Jaeger‑LeCoultre lleva al extremo la decoración de sus movimientos. Realizados delicadamente a mano, el perlado, el biselado, el estirado, el avivado, el endulzamiento y el pulido se utilizan en los mecanismos más complejos. Jaeger‑LeCoultre posee también la maestría de los materiales (acero, alpaca, titanio, aluminio). Incluso los materiales high‑tech llevan una decoración tradicional. Verdadero desafío estético, cada componente es pulido, calado y decorado para hacer del conjunto una obra de excepción, digna de la belleza de la complicación.


El ensamblado

El movimiento es el órgano que da vida al reloj. En el taller donde es ensamblado, los gestos diestros de un savoir‑faire ejercido sin interrupción desde hace más de 180 años consiguen avivar la materia inerte, y cada relojero deja en cada reloj un poco de su alma. Así, los latidos del movimiento conservarán por siempre el recuerdo del maestro‑artesano que le dio la vida.


El grabado

Herramientas que han atravesado los siglos; buriles, tijeras, limas, martillos, son utilizados hoy en día casi de la misma manera en que fueron utilizadas por egipcios y troyanos. El buril es el descendiente directo del raspador ordinario. El mango de madera de esta tijera de acero tallada en bisel, es redondo para adaptarse perfectamente a la palma de la mano, cuya presión determina la profundidad de penetración de la hoja en el material. Para cincelar detalles pequeños, llevar la exactitud al extremo, el maestro grabador dispone de una docena de buriles de todos los tamaños. Los afila él mismo en la muela de gres, luego en la muela de esmeril y finalmente en la piedra de repasar humedecida con aceite. De la meticulosidad con la que se efectúa esta operación depende la calidad del trabajo: para crear zonas de sombra, la superficie debe estar impecablemente pulida. Escribir con buril sobre oro, acero o platino sólo es posible después de años de experiencia. Primero se hace un bosquejo, trazado con una punta seca directamente sobre el fondo del Reverso. Luego, el dibujo es afinado con el buril adecuado al estilo del grabado. «La escritura debe nacer libremente de la mano, sólo de esta manera se lograrán hermosos caracteres», se puede leer en un antiguo manual de grabado.


El pulido

En este taller, se buscan las imperfecciones invisibles a simple vista con el fin de dar a la caja el brillo perfecto. Para responder a esta exigencia, el taller permanece en una semipenumbra que contrasta con la luz blanca focalizada en cada puesto de trabajo. El trabajo del pulidor permitirá alcanzar el grado de perfección que exige Jaeger‑LeCoultre a los artículos llamados "pulido‑espejo". El péndulo Atmos posee el mismo grado de acabado y es sometido igualmente a varios procedimientos como endulzamiento, diamantaje, pulido y barnizado.


El engaste

Con el engaste tradicional, el artesano confiere un toque personal al motivo que realiza. Cuando se le confía un trabajo de creación, el artesano determina exactamente la colocación y el número de piedras que va a engastar, así como el motivo. Primero realiza los taladrados finos y luego los más grandes. Como si fuese un escultor, recorta la materia una y otra vez hasta dar forma a los granos que sujetarán las piedras. Entonces, coloca y ajusta escrupulosamente cada piedra dando vida a una armoniosa composición. Finalmente, dobla los granos para que las piedras preciosas permanezcan dentro de su estuche.


El labrado y el enrollado

El labrado perfila los dientes, las ruedas y los piñones con una fresa que quita la materia superflua hasta obtener un perfil perfecto. La calidad excepcional de Jaeger‑LeCoultre se debe a una serie de procesos perfeccionados a lo largo de la historia de la Casa. Entre ellos, el enrollado de los piñones y de los ejes del volante con el fin de mejorar el funcionamiento del reloj. Se trata de una operación manual que requiere de un gran savoir‑faire, una destreza excepcional y una excelente vista. Es una tarea extremadamente delicada debido a las estrechas dimensiones y al espacio minúsculo en el que se trabaja.


Estampas y mecánica

A partir de los dibujos realizados por el Departamento de producción, los estampadores y mecánicos elaboran las herramientas que servirán para la fabricación de los relojes. Jaeger‑LeCoultre fabrica sus propias estampas con el fin de preservar el control de calidad. Cada nuevo movimiento necesita entre 60 y 100 estampas nuevas.


La elaboración de las cajas

La exigencia de la precisión extrema incita al hombre a confiar el fruto de su trabajo a una máquina. Las piezas de distintos materiales (platino, oro, acero, titanio, etc.) son estampadas primero y luego torneadas, fresadas y rectificadas. Una vez taladradas, se les da forma por amoladura y pulido, y luego se preparan para las operaciones de acabado. La minuciosidad del desbarbado, así como el premontaje exigen una delicadeza extrema que sólo puede satisfacer la destreza manual.


El tratamiento térmico

Este auténtico taller de alquimista es algo poco común en la industria relojera y cuida de los materiales para darles la longevidad necesaria. El savoir‑faire de Jaeger‑LeCoultre: el temple, el revenido y el cocido ‑ tres pruebas térmicas que confieren a los componentes relojeros la capacidad de enfrentar la eternidad. En este taller, los tornillos son tratados térmicamente a una temperatura muy precisa para obtener el azul deseado.


La esfera

Las esferas son discos planos, biselados o abombados, posicionados en la platina por medio de pies. La superficie de la esfera está recubierta con barnices. Las indicaciones de la hora, así como otras funciones como la fecha, reserva de marcha, etc., se obtienen por medio del calco. También se utiliza esta técnica para realizar los discos de día/noche, las fases lunares, etc.


La galvanoplastia

Con el fin de dar a las piezas un estado inalterable, se procede a un tratamiento de galvanoplastia que consiste en aplicar por electrólisis una fina capa de níquel de 0,8 a 1,2 micrones sobre las piezas de acero o de latón. Además, las piezas de latón también reciben una capa de rodio o de oro 24 quilates de 0,2 a 0,3 micrón. Así, cada pieza está protegida contra la corrosión o y el desgaste mecánico, lo que garantiza su longevidad. Jaeger‑LeCoultre es una de las pocas Manufacturas que aún domina completamente la galvanoplastia, que permite el depósito en numerosos metales, como la plata, el paladio, el rutenio y diversos tipos de oro.


La elaboración de las cajas

La exigencia de la precisión extrema incita al hombre a confiar el fruto de su trabajo a una máquina. Las piezas de distintos materiales (platino, oro, acero, titanio, etc.) son estampadas primero y luego torneadas, fresadas y rectificadas. Una vez taladradas, se les da forma por amoladura y pulido, y luego se preparan para las operaciones de acabado. La minuciosidad del desbarbado, así como el premontaje exigen una delicadeza extrema que sólo puede satisfacer la destreza manual.


Los volantes

La unidad Volantes está dividida en varias unidades: tornillería, taladrado y roscado, puesta de tornillos, ensamblado, ajuste y por último "empitonado" y virolado del espiral en una pequeña unidad láser. Jaeger‑LeCoultre posee la maestría del conjunto de estos componentes.


El acabado y el ajuste

En la penumbra, el ajuste del escape permite la distribución de la fuerza del volante. La operación es controlada por proyección. La acción requiere una meticulosidad irreprochable ya que el ajuste del áncora en función de la rueda de escape y del volante exige una gran destreza. En un recinto más luminoso, algunas operaciones como la puesta del volante y del "coq" (puente de volante) sobre el movimiento, el aplanado y el centrado del espiral sobre el volante, permiten que el movimiento dé sus primeros latidos. La precisión de estas operaciones dará toda la exactitud al reloj para las generaciones futuras.


El ensamblado del tren de ruedas

Las operaciones consisten en remachar, sacar (chasser) y aplanar los móviles (piñones y placas) de transmisión.


El calibrador

El calibrador es un relojero especializado en el ensamblaje y ajuste de los movimientos, llamados también calibres. Una vez que los diseños definitivos están terminados y los planos de fabricación precisamente definidos, es posible comenzar la realización de los prototipos, en general unos diez ejemplares. Estos prototipos son sometidos a pruebas que pueden durar de 4 a 12 meses. Una vez terminadas estas pruebas empieza la fabricación del movimiento en serie. El rigor indispensable que se exige en cada etapa requiere una inversión de tiempo considerable. Es el caso de los modelos más complicados en los que pueden ser necesarios hasta dos años antes de la validación final de los prototipos.


La recortadura

Estampas de alta precisión recortan, taladran, rectifican, desbarban, achaflanan las piezas como áncoras, arandelas, ruedas o muelles en diversos tipos de materiales. En la Manufactura, se conservan alrededor de 6.000 estampas. Algunas de ellas aún se utilizan para la restauración de relojes antiguos. Las prensas más potentes están reservadas para el embutido de los péndulos Atmos.