EL SELLO
GARANTÍA DE ALTA PRECISIÓN
El sello de garantía de alta precisión (HPG, por sus siglas en inglés) establece un nuevo estándar de excelencia relojera, aunando el rendimiento cronométrico y la excelencia estética en una única certificación. HPG certifica cada reloj a través de exigentes criterios que evalúan el acabado de su movimiento y de un riguroso protocolo de pruebas que somete el reloj a las condiciones cambiantes de la vida diaria. Grabado en el fondo del reloj, el sello HPG es la marca visible del compromiso de Jaeger-LeCoultre con la precisión y el saber hacer relojero.
PRECISIÓN DE ACABADOS
UNA MUESTRA DE EXCELENCIA DECORATIVA
El sello HPG es una garantía de calidad que no solo avala el rendimiento cronométrico de los relojes, sino también la exquisita excelencia decorativa de sus movimientos. Para cumplir los requisitos de HPG, cada calibre debe presentar al menos seis de las ocho técnicas tradicionales de acabado, aplicadas de forma impecable conforme a los rigurosos estándares de la Manufactura. Del perlado a las Côtes de Genève, pasando por el bruñido, las cabezas de tornillos pulidas, el alisado circular y el lineal, los rubíes encastrados y el achaflanado, cada técnica refleja la precisión de ejecución y la atención al detalle que constituyen la esencia del saber hacer relojero de la Manufactura.
PRECISIÓN DE CRONOMETRÍA
UN PROTOCOLO DE PRUEBAS EN LAS CONDICIONES DE LA VIDA DIARIA
El HPG certifica la precisión cronométrica a través de cuatro pruebas que componen un protocolo dinámico con patente en trámite. La primera de ellas evalúa el calibre mediante variaciones de presión que reproducen altitudes desde el nivel del mar hasta los 1004 metros, la altitud de la Manufactura. Una vez montado en la caja, cada reloj se somete a las tres pruebas restantes de forma simultánea en una máquina ultrainnovadora, que combina distintas posiciones, impactos y variaciones de temperatura, alternando fases de actividad a 35 °C y fases de reposo a 18 °C. A lo largo de tres días, HPG recrea el equivalente a una semana completa de uso en la muñeca, poniendo a prueba la precisión de cada reloj en las condiciones cambiantes de la vida diaria.
HISTORIA
DOMINANDO LA PRECISIÓN EN CADA FASE
Jaeger-LeCoultre es una Manufactura-Atelier que domina cada fase de la creación de sus relojes, desde la producción de las piezas, los acabados y el ensamblaje de los movimientos hasta la regulación y los controles de calidad. Desde 1833, este dominio excepcional ha impulsado una ambición duradera: elevar constantemente sus propios estándares de precisión, fiabilidad y saber hacer. Desde el millonómetro en 1844 hasta los logros cronométricos emblemáticos, esta búsqueda dio lugar a la prueba de las 1000 horas en 1992. Más de tres décadas después, HPG da continuidad a este legado, estableciendo un nuevo estándar propio de excelencia relojera.
HPG, UN NOMBRE ARRAIGADO EN LA PRECISIÓN
El nombre HPG (garantía de alta precisión, por sus siglas en inglés) forma parte de la historia de Jaeger-LeCoultre. Estas siglas comenzaron a incluirse en las esferas de la Maison a partir de 1970, especialmente en los relojes equipados con el calibre 916, un movimiento de 4 Hz célebre por su precisión. Hoy en día, HPG confiere a este nombre histórico una nueva dimensión. Basándose en la filosofía de la prueba de las 1000 horas, combina, en cada reloj, el rendimiento cronométrico en condiciones reales de uso y los acabados del movimiento en una única certificación propia.
PRUEBA DE LAS 1000 HORAS: UN ESTÁNDAR PIONERO
En 1992, Jaeger-LeCoultre introdujo la prueba de las 1000 horas, estableciendo un innovador estándar propio de la Manufactura en una época en la que la certificación cronométrica se centraba principalmente en los movimientos antes de montarse en la caja. Durante seis semanas, lo que equivale a 1000 horas, el calibre y el reloj completamente encajado se someten a una rigurosa serie de pruebas diseñadas para evaluar la precisión y la fiabilidad del modelo antes de abandonar la Manufactura. Más de tres décadas después, esta filosofía sigue siendo esencial: la precisión debe comprobarse no solo de forma teórica, sino en el reloj acabado y en condiciones representativas de la vida real.